Hablamos con la veterana actriz Marta May (María Jesús Mayor)

Marta May durante la entrevista en las oficinas de "Films de l'Orient" en Barcelona.
Marta May durante la entrevista en las oficinas de “Films de l’Orient” en Barcelona

Más conocida como Marta May, María Jesús Mayor nació en Santander pero pronto se fue a vivir a Madrid, donde empezó su carrera como actriz teatral y de TV. Marta, que en la actualidad reside en Madrid, tiene 3 hijas y estuvo casada con el director y productor de cine Josep Maria Forn. A final de la década de los 80, se retiró del mundo del celuloide y desde hace más de 20 años se dedica a su gran pasión: la pintura de retrato.

A continuación, podéis leer la entrevista que le hice en las oficinas de la productora “Films de l’Orient”, en Barcelona, el pasado 22 de febrero de 2013.

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Marta, ¿Cuándo empezaste en el mundo del cine y el teatro?
Empecé haciendo teatro con 17 años en Madrid…Realizábamos un programa semanal en TVE que se llamaba La Tortuga Perezosa, con José Luis Coll y Emilio Laguna, durante un año, y luego ya empecé a hacer teatro en diversas compañías. Después, a principios de los 60, con Chicho Ibáñez Serrador vinimos a Barcelona a representar Aprobado en inocencia en el año 1963-64. Mi primera película fue Fuerte perdido con José María Elorrieta. Poco después conocí al productor y director de cine Iquino que me presentó a Josep Maria Forn, que nos dirigió a Antonio Iranzo y a mí para protagonizar La Piel Quemada, rodada en 1966.

Marta May en "La Piel Quemada".
Marta May en “La Piel Quemada”. (Cedida por Sandra Forn)

¿Qué recuerdas del rodaje de La Piel Quemada?
Fue una película muy querida, y a veces rodada con cámara oculta. Por ejemplo, en la escena de la estación de tren en Valencia; aprovechamos el tren que venía del sur lleno de personas que venían para trabajar en la vendimia.
Cuando rodamos en Guadix, también cogimos a personas de la población como figurantes. El que hizo de mi padre allí y que me pegó un bofetón en una escena, era el jefe de los gitanos de aquella zona. Y respecto al protagonista, Antonio Iranzo, lo recuerdo como n buen amigo y compañero, era un hombre vitalista y encantador….Fue una película muy avanzada para su época y que tuvo una respuesta muy buena del público que iba a verla al cine. Fue un film muy premiado: en el festival de cine de Valladolid de 1968, fuimos galardonados con la “Carabela de Plata”.

Después de este film, ¿cómo sigue transcurriendo tu carrera de actriz?
Pues participé en algunos proyectos de la llamada Escuela de Barcelona de cine; hacían un cine de diseño, muy avanzado a su época. Después, empecé a principios de los años 70, participando junto con Emma Cohen en la película Cabezas Cortadas, dirigida por Glauber Rocha, pero que pasó sin pena ni gloria.

¿Qué relación tuviste con el cine que se hacía en los 70 y las actrices del momento?
Pues poca, porque no me llamaron ni tampoco quise hacer el llamado “cine de destape”. He pretendido ser una actriz y no un “florero”. En cuanto actrices, tengo muy buen recuerdo de Emma Cohen, una actriz guapísima y una gran cómica. Yo ahora llevo más de 20 años retirada de este mundillo…

¿Qué diferencias ves del cine de los 60 con el de ahora, a nivel de producción y de actores?
Antes, se decía que los actores se hacían en Madrid y se consagraban en Barcelona, tanto en teatro como en cine. Barcelona siempre ha sido una ciudad puntera en cuanto a cómicos, actores, bailarines…Y a Madrid ya volvías consagrado.
En Barcelona se lucha por el cine y en Madrid parece que se promociona más porque es la capital pero a la hora de verdad hay un trabajo mucho más importante en Barcelona, que siempre ha sido más vanguardista. Madrid recibe…Y con esto no quiero decir que yo esté en contra de la capital. En Madrid llegan muchas novedades pero se levantan muy pocas cosas. En cambio aquí hay teatros, como el Teatre Poliorama, que funcionan todo el año.

¿Y en cuanto a la financiación?
Antes, en el teatro había un empresario que ponía el dinero, como la familia Balcázar. Ahora nos hemos cargado la figura del empresario y en la mayoría de casos se puede sacar algo pero de la subvención. Se ha convertido en una industria muy precaria.

¿Qué diferencias ves en los actores de hoy con los de los 60 y 70?
Los actores de ahora están preparadísimos. Antes si alguien fallaba, era tu “oportunidad”, los aspirantes se “formaban” viendo a los profesionales que hacían teatro y cine. En otros casos, quien podía permitírselo, uno se podía formar en escuelas como la escuela de actores de Fernando Espona y Julio Coll en Barcelona.

¿Cuál es el panorama del cine de hoy en Catalunya y España?
Está mal, muy mal…No se invierte en la cultura. Se ha confiado y se sigue confiando mucho en la subvención pública.

Antonio Iranzo y Marta May en "La Piel Quemada". (Cedida por Sandra Forn).
Antonio Iranzo y Marta May en “La Piel Quemada”. (Cedida por Sandra Forn).
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